Vacaciones

Vacaciones

Sábado, 1 de Julio de 1961

Hoy hemos pasado el día planeando nuestras vacaciones. 1 de agosto, falta justo un mes y a los dos nos gusta la planificación y el orden. Eso de dejar las cosas para última hora no nos va. No hay demasiado que plantear pero no queremos sorpresas. De este año no pasa que, por fin, vea el mar.

Toda la vida la he pasado en esta ciudad o como mucho a unos pocos kilómetros, pero siempre he viajado por trabajo. Tampoco se trata de una queja, no he viajado porque no he tenido mucho interés en ello. Esa falta de interés por conocer mundo es de las cosas que Heidi me ha reprochado alguna vez. No es que hayamos tenido demasiadas vacaciones nunca aunque algunas semanas libres sí y podíamos habernos escapado a cualquier parte, pero siempre he preferido descansar en casa. Ella no lo entiende. Es curioso cuantas cosas no entendemos el uno del otro pero como nos respetamos y queremos. Será que en el fondo esa forma de ser diferentes y sin querer cambiar al otro es lo que nos une.

Heidi, como sospeché en el momento en que leí su curriculum, tiene la suerte de provenir de una familia económicamente solvente, como poco. Hicieron dinero con suministros médicos durante las guerras. Era un negocio prospero, rentable y con poco riesgo. Los suministros médicos básicos no sufrían ataques, sólo algún que otro robo cuyos costes estaban más que contemplados en los márgenes de beneficio. Estaban protegidos por todos los convenios e incluso podía vender a quien estuviera más cerca, aunque hicieron la fortuna con el Ejército Nazi. Fruto de esos años pudieron pagar a Heidi esos estudios fuera. No sólo querían que estudiara fuera, también quisieron mantenerla alejada de Berlín en los años más duros de la guerra y post-guerra. Sin duda lo hicieron muy bien con ella.

Gracias a esos años prósperos habían podido adquirir algunas propiedades por toda Alemania e incluso fuera. Tenían una pequeña casa en el sur de España donde esperaban retirarse a vivir sus años dorados en breve. Un lugar donde el frío no cala en los huesos ni en invierno y donde el único problema sería aprender Español, para lo cual contaban con la inestimable ayuda de su hija y de mucho tiempo libre.

Mis suegros. Buenas personas. Inteligentes. Un matrimonia modelo. Él empresario. Ella ama de casa toda la vida. Pero ama de casa de la que se encargan de gestionar la casa, no de barrer, fregar y cocinar, para eso cuenta con un par de personas que se dedican al trabajo manual. Podría decirse que son nuevos ricos pero son personas sanas. No alardean de su dinero y saben disfrutarlo con placeres sencillos y en garantizar el futuro de sus hijas. Olga, pese a su carácter duro, se deja querer más por sus padres que Heidi, no le importa no ser independiente. La casa en la que vivía está pagada por ellos y ella sólo ejerce de representante de una marca cosmética a ratos. Lo que gana no le da para todos sus gastos, aunque no son demasiados, pero no le duele tirar de sus padres a final de mes o para algún gasto extra, al igual que no le duele acudir a sus diferentes casas cuando necesita desconectar.

Heidi por el contrario no ha aceptado más que algún regalo puntual. La casa en la que vivimos la estamos pagando a medias con nuestros sueldos. Los estudios por supuesto si se lo costearon sus padres pero se preocupó de sacarlos con nota para que jamás pensaran que habían tirado el dinero y sólo hemos permitido que nos regalen algún electrodoméstico para la casa y parte del coche. Ese enorme televisor en el salón que no recuerdo ni cuando fue la última vez que encendimos. Pero ellos se empeñaron en que era el futuro y que debíamos tener uno en casa. Ahí está, como de si de una mesa más se tratara, con un montón de libros encima.

No es por orgullo por lo que no aceptamos sus ofertas, y así se lo explicamos. Es la satisfacción de que, como ellos, nos buscamos la vida lo mejor posible. Y no nos va mal. Pero este verano si hemos decidido aceptar su casa de Cuxhaven durante una semana. Heidi se empeña en que vea el mar. Yo le digo que sólo es un montón de agua que ya he visto en fotografías y películas. Ella se ríe. Está convencida de que lloraré de emoción cuando lo vea. Me ha hecho prometer que me dejaré vendar los ojos y que ella me lleve a la orilla para que lo vea la primera vez en todo su esplendor. Y una promesa es una promesa. Al final ha conseguido que me ilusione.

No hay mucho que planear. La casa de sus padres está muy cerca del pueblo. Lo suficientemente apartada para tener intimidad y lo suficientemente cerca como para poder bajar tranquilamente andando a por lo que necesitemos. Una casa de dos habitaciones, pequeña y acogedora. Con un gran porche con unas vistas espectaculares. No tiene electricidad, ni teléfono, ni falta que le hace. Tendremos luz de sobra y si necesitáramos calentarnos tiene una pequeña estufa.

Olga estuvo hace unas semanas un par de días y dice que está en perfectas condiciones. Tiene el teléfono de una mujer del pueblo que tiene las llaves y se encargará de dejarla bien limpia para cuando lleguemos, solo hay que avisarla con unos días de antelación.

Nos ha enseñado fotos del pueblo y es el típico pueblo costero de pescadores. Me gusta. Tiene vida. Aunque hay mucho veraneante no deja de haber industria. Gente trabajando, marineros. Perdón, marinos, que los marineros son los que pelan patatas, como decía mi tío.

Heidi ha comentado que le gustaría que Olga también viniera. Le he dicho que mejor los últimos días. Me apetece estar con ella a solas. No puedo negarme a que venga pero tenerla a solo una pared de distancia durante 2 semanas cada noche puede ser especialmente difícil. No creo que Olga tampoco desee compartir con nosotros todo el tiempo. Lo hablaremos con ella mañana cuando venga.

Cuxhaven. El mar. Vacaciones. Este es sin duda el momento perfecto. Dos semanas para dejar de pensar en El Comité, las lineas, los muros… y en Olga.

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