Reflexiones

Checkpoint Charlie, Berlin 1961 Don McCullin born 1935 Purchased 2012 http://www.tate.org.uk/art/work/P80148

Miércoles, 5 de Julio de 1961

No recuerdo cuando fue la última vez que escribí tanto aquí. Anoche le dediqué mucho tiempo a mis reflexiones. Heidi se despertó cuando entré en la cama y se preocupó por si me pasaba algo. Pese a mi insomnio y a que siempre le digo que no pasa nada, anoche cuando entreabrió los ojos y me vio tuvo que notar algo. Se echó sobre mi y me abrazó fuerte. Le devolví el abrazo. Lo necesitaba. No sé como lo supo. Creo que dediqué tanto tiempo a este diario ayer porque necesitaba almacenar todos los detalles posibles.

Y yo que pensaba cuando vi a Bernard, el joyero cuyo nombre no sabía y que ahora no creo que olvide jamás, que se iba a tratar de otro caso de soborno al uso. Uno está ya muy curtido en estas lides. Los que ocupamos un puesto de cierta importancia estamos más que acostumbrados a que nos ofrezcan dinero una y otra vez a cambio de favores. Quien dice dinero, obviamente, dice regalos. Joyas, coches, electrodomésticos, alcohol, tabaco… todo es cuestión de mercado. Según el beneficio a obtener, así será el regalo ofrecido. Es más que sencillo.

Mis intentos de soborno nunca han llegado a ser más que alguna joya para mi o para Heidi. En general se trata de algo de Bourbon o algún cigarro especial, de los que ni siquiera tienen en la cava que suelo visitar. Y digo intentos porque a día de hoy me puedo enorgullecer de no haber aceptado ninguno. Algún regalo a toro pasado si. A veces, cuando ya has tomado alguna decisión o has sido indulgente con la pena de algún chaval que hemos pillado con algo de contrabando, viene algún familiar a hacerte un regalo. Esos a veces los he admitido. No han supuesto un cambio en mi actitud y no me ha presentado dilema moral alguno aceptarlo.

Algo así esperaba ayer con Bernard. Lo que no esperaba era encontrar un hombre dispuesto a dar su futuro por el de su hijo. No era el típico empresario con dinero que quiere obtener un beneficio mayor. Este hombre solo quería asegurar una buena vida a su hijo. Nada más y nada menos. He repasado sus palabras de ayer, su historia,. También es algo que no suelo hacer eso de releer lo escrito pero lo necesitaba. Su historia me hace pensar cuantas historias similares estarán ocurriendo alrededor de esas calles por las que discurre la linea que estamos trazando de manera fría.

Pensamos en comercios, pensamos en la ciudad, en intereses económicos, en política… pero no sé si alguno de nosotros se ha parado antes a pensar en vidas. En personas. En aquellas que podemos estar condenando al fracaso. No es el caso de la joyería, es afortunado, pero ¿Y si hubiera trazado la linea al revés? Pienso en el zapatero, pienso en la gasolinera, pienso en las iglesias. La suerte de cada uno de esos establecimientos está en nuestras manos. Pienso en los que yo veo y tengo que decidir. Pienso en mis 4 compañeros y en sus reflexiones. ¿Habrán tenido experiencias similares? ¿Habrán caído en la cuenta de lo que estamos haciendo?

Y es que mi cerebro no para de dar vueltas a ideas terribles. No dejo de volar hacia la conversación con Olga aquel domingo. No dejo de pensar en que Olga va a quedar al otro lado y pienso como afectará esa linea a algunas familias. ¿Cuanto llegará a afectarnos? mi corazón sigue teniendo la idea bastante clara de que no va  a haber tantos cambios. Que va a ser una cuestión más formal y física que real. Que a las pocas semanas los puntos de control volverán a ser el coladero habitual y que la única diferencia será que habrá que ir hasta uno de esos puntos de paso en lugar de cruzar por cualquier calle.

Si, posiblemente a los comercios les afecte más porque acabaremos buscando comercios en nuestras zonas para no tener que andar recorriendo largas rutas para ir a por unos Bretzels o a reparar unos zapatos. Vale que buscaremos un parque donde enviar a nuestros niños a jugar que nos pille más cerca en lugar de tener que andar unos kilómetros para llevarlos al habitual pero estoy convencido que a nivel de personas no debe afectarnos. No entendería que una linea que trace en el mapa llegue a separar familias.

Y se me ocurre que ese tema de los pasos… aún no se ha hablado nada. ¿Los tendrán ya pensados? ¿Será la siguiente fase? Es un tema que veo importante también. Debo anotarlo para comentarlo en la próxima reunión con Erich. Lo anoto y voy a la cama con Heidi. Hoy no me vale una caricia. Hoy quiero quererla.

Post Categories: El diario

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