Olga

Olga

Domingo, 4 de Junio de 1961

He de confesar que envidio muchísimo la relación de Heidi y Olga. Cómo dos personas tan diferentes pueden amarse tanto. Tan diferentes en lo físico y en lo personal. Dos personas que deberían ser como agua y aceite pero que no se conciben la una sin la otra. Heidi es pura dulzura y fragilidad. Piel blanca y suave, facciones delicadas. Ojos claros como el agua, labios delgados y pelo rubio. Sus gestos son dulces y medidos. Su voz cálida y templada, jamás la he escuchado elevar el tono en los 12 años que hace que nos conocemos. Ni siquiera en nuestras discusiones mas duras, que por supuesto hemos tenido y en las que reconozco haber perdido todos los papeles alguna vez, ha gritado.

Coged todos esos rasgos y buscar el opuesto. Esa es Olga. Torpe de movimientos, morena, piel dura, gesto adusto, voz grave y siempre más elevada de la cuenta. Siempre parece estar enfadada y cuesta acostumbrarse a ella, aunque una vez que lo haces tiene el mismo fondo de bondad que Heidi. Daría todo por la gente que ama, sobre todo por su hermana.

Jamas la he visto coger un libro, es más de cine y de radio, algo que no requiera tanto esfuerzo ni tan continuado. Ojo, que no digo que sea torpe o necia, en absoluto. La inteligencia va en los genes en esa familia, pero Olga es mucho más práctica. Considera esas historias una perdida de tiempo y utiliza el suyo en cosas más del día  a día y en socializar con sus vecinas. No hay nada que se cueza en el barrio, casi en la ciudad, que ella no sepa. Y siendo tan distintas, tan la noche y el día en todo, son un tándem inseparable

Esta tarde la ha pasado en casa. Ha aparecido sin avisar, como suele hacer, pero ya se ha convertido en una especie de costumbre no escrita que venga la tarde de los domingos a merendar con nosotros. Heidi tiene siempre reserva de café y algunos dulces preparada y su hermana nos regala una botella de korn. A ella, en el lado oeste, le es mucho más fácil conseguirlo que a nosotros. Si, aquí hay pero conseguirlo de calidad ya no es tan sencillo.

Además nosotros somos más de bourbon o vino, pero Olga suele “bautizar” el café con su korn. A medida que la tarde avanza, si la charla se presta, acaba más bien bautizando el korn con un poquito de café.  Al final suele quedar un pequeño resto en la botella que Olga se lleva de vuelta a casa para calentarse por el camino, aunque estemos en pleno mes de junio y ya las noches no sean precisamente frías.

Olga. Todo un personaje. Todos la dan ya por la típica solterona que morirá dentro de unos años (muchísimos si le preguntamos a cualquiera de las dos hermanas) rodeada de decenas de gatos. No se le conoce pareja desde el instituto pero yo la he visto tirarle los tejos a algún que otro vecino. Tiene la sutileza de un elefante en celo, no puedo evitar reírme solo de pensarlo. Esa mujer tan enorme, siempre pintada en exceso, perfumada en exceso y vestida en exceso. Guiñando con el descaro de cualquiera de los soldados más barriobajeros que he conocido y buscando la sonrisa cómplice de su “víctima”. A veces pienso que mas de una vez le ha debido palmear el culo a alguna de sus posibles presas.

Creo que lo hace desde el descaro de saber que es demasiada mujer para la mayoría de los hombres. Esta tarde nos reíamos cuando nos contaba su último intento de aventura con un nuevo ayudante que había contratado la muchacha del puesto de fruta al que suele ir en el mercado. Nos dice que le tiene en el bote, que ese cae fijo esta semana. Que está usando todas sus armas y que se rendirá.

Heidi se reía. “¿Pero donde vas tu con ese chaval? Que no tendrá ni 20 años y debe medir y pesar la mitad que tu, hermana” “Que si, que si, que los jovencitos están fuertes y pueden con todo. Que yo me pongo abajo para no aplastarle”. Las carcajadas de los tres creo que se oían en todo el bloque.

Esto ratos con Olga son impagables. Supongo que no haber tenido hermanos me hace admirar mucho esa extraña relación filial que tienen estas dos hermanas. Y me gusta que me involucren y me hagan sentir un hermano más en la familia. Da igual que cada una tenga una mentalidad tan diferente. Ese grado de compresión y cariño entre ellas es único.

Cuando se lo comento, Heidi siempre me dice que es lo más normal entre hermanos, que no hay nada de especial. De repente recuerda que soy hijo único y me abraza. No me dice nada más, pero hay abrazos que hablan.

Post Categories: El diario

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