El tren

ElTren

Martes,  8 de Agosto de 1961

Esto cada vez me gusta menos. Todo apunta a que lo que se va a producir es un cierre total entre nuestro Berlín y el suyo. Todo apunta a que nada de controles pero dejando pasar a la gente, apunta más a que al menos durante los primeros días, semanas o meses va a ser casi imposible cruzar la frontera. En la reunión de hoy se ha tocado un aspecto que hasta la fecha no se había tocado: el tren.

Las lineas de tren, tanto de superficie como subterráneo, recorren la ciudad como si fuera una sola. Cualquiera puede coger un tren en en la zona este y salir en la zona oeste y viceversa. Es sencillo, todo se diseñó en su día contando con una ciudad grande y unida, sólo un Berlín. Ahora mismo es imposible separar la linea de metro y tren en dos,  requeriría mucho tiempo. Y hay además lineas que circulan por ambas zonas. Tienen paradas en el oeste, este, de nuevo oeste sin dar la vuelta… no se pueden detener esos trenes sin afectar a la zona occidental.

Hemos estado analizando las diferentes lineas, sus trazados y paradas y sólo una de ellas puede detener su recorrido en una última parada en la zona occidental y comenzar la vuelta. El resto no tienen más remedio que seguir circulando por debajo o por encima de nuestra parte de la ciudad y atravesar nuestras estaciones así que hemos estado decidiendo que hacer.

La primera opción en la que todos los presentes hemos pensando ha sido establecer controles en las entradas y salidas. Es lo más sencillo y práctico. Además se adapta a todo lo que nos han estado contando de que se pretende que todo siga con cierta normalidad. Establecer esos controles en las entradas de las estaciones que pasan por nuestro subsuelo o por nuestra superficie. Hemos empezado el recuento y a ver tamaños, entradas y cuantos soldados nos harían falta para estos controles. Erich ha permanecido todo ese tiempo extrañamente callado.

Una vez hecho el recuento de accesos y cuando hemos empezado a calcular los soldados necesarios, Erich ha dicho que debíamos cerrarlas. Pocas palabras. Las justas. Tapiar esas entradas. No íbamos a poder disponer soldados en una zona tan peligrosa. Podíamos controlar los accesos de nuestra gente para salir pero si alguien llegaba en esos trenes y se decidía a salir armado podía producir una masacre. No quería correr ese riesgo.

Nuestras caras debieron ser un poema porque prosiguió dando alguna explicación y nos dijo que contempláramos ambas posibilidades: el cierre sellando entradas y establecer controles. Yo no podía creerme lo que estaba escuchando. Lo pienso y sigo sin poder creerlo del todo. Tapiar las estaciones. Sellarlas. Eso no es establecer controles, eso no es algo de propaganda, estamos hablando de un cierre total, de impedir el acceso de un lado a otro. Está claro que no va a ser lo que nos han dicho. Esto apunta a ser un cierre total.

Mi mente se fue a pensar en Olga inmediatamente. Cuantas veces cogía el tren para venir a visitarnos y salía en la estación que tenemos a apenas 100 metros de casa. Estamos hablando de que no podrá hacerlo. Eso no es lo que yo le he estado contando a mi familia estos días. Esperaba que Heidi hubiera podido convencer a Olga para que se viniese.

La cara de Heidi esta mañana era de incredulidad cuando le estaba contando mis nuevas sensaciones al respecto, y eso que aún no le había contado lo de las estaciones de tren. No podía creerse que eso fuera a pasar. Me dijo que iba a visitarla porque ella tampoco se fiaba de hablar por teléfono. No sé si yo le he contagiado mi paranoia o que no es tal paranoia y ella es también muy precavida.

Me ha contado que le ha costado pasar la frontera. Efectivamente los controles son mucho más férreos. Ha tenido que entrar en una oficina desde la cual han llamado a Olga para comprobar que realmente tenía familia al otro lado. Ha visto nervios en los guardias y sobre todo en la gente. Ha visto rostros de preocupación entre la gente que quería pasar y ha escuchado algunos gritos mientras estaba en la habitación esperando que aquel soldado hablara con Olga y le diera el visto bueno. Me lo contaba esta noche, hace un rato, con mucha preocupación.

Olga va a tardar unos días en venir. Quiere cerrar unas ventas en su oficina que le reportaran un dinero extra que le vendrá muy bien si debe estar unas semanas sin poder trabajar. Traspasar algunas operaciones a algunos compañeros y retirar algo de dinero del banco. No quiere que sea una retirada exagerada de golpe para no levantar sospechas así que tardará unos días. Le ha dicho que no cree que tarde mucho más de una semana, que para mediados de la semana que viene espera tenerlo todo listo.

Una semana. No me gusta. Tal como están las cosas todo puede precipitarse en cualquier momento. No creo que ocurra nada antes de final de mes pero tampoco parecía que fuera a pasar nada antes de navidad y aquí estamos, contando días, con las vacaciones canceladas y haciendo recuento también de cuanto material de construcción y obreros disponemos. Se está acudiendo a fábricas de ladrillos cercanas y se está informando que deben dejar de suministrar pedidos más allá de los básicos y deben acumular en sus factorías para cuando sean reclamadas por El Estado. La situación se tensa por momentos y cada vez más y más gente conoce movimientos. Es peligroso.

Pienso en esas estaciones cerradas. Pienso como es posible que se esté llegando a estos extremos y pienso que mañana voy a ir a convencer a Olga para que se venga ya. No quiero arriesgarme a que no pueda cruzar. Creo que no me va a quedar ni un sólo día tranquilo en mucho tiempo. Demasiado tiempo. Puede que mejor que esto termine pronto y todos sepamos a qué atenernos.

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