El gato y el ratón

Raton y el gato

Martes, 25 de Julio de 1961

No tengo muy claro porqué he vuelto a quedar con mis compañeros en la misma mesa en el parque sabiendo como sé que conocen perfectamente nuestra particular costumbre. Supongo que precisamente por eso, por costumbre, convoqué la reunión en el mismo sitio para hoy. Para que jugar al gato y al ratón cuando estos ratones siempre van a tener las de perder. Somos cuatro aprendices de ajedrecistas jugando con un campeón del mundo. Ellos saben seguro que movimientos vamos a dar antes de que a nosotros se nos haya ocurrido ni pensarlo. Son ya muchos años de práctica los que tienen ellos y nosotros no somos más que jefes de la VolksPolizei. Policías al fin y al cabo, cuya misión no es otra que velar por mantener el orden. Nunca hemos jugado a esto.

De nuevo, al igual que ayer con Olga, conté mi conversación con Erich. Que no habrá alegaciones sobre el trazado ni periodos de gracia, que si se podrá cambiar de un Berlín a otro, que habrá una serie de puntos de control y que el tema de las ordenes a los soldados se iría viendo sobre la marcha pero no se preveía demasiado lío. Les conté también la pregunta que había añadido sobre el caso de Lucía y les pareció bien que lo hubiera hecho y mejor aún su respuesta. No, no he contado nada a mis compañeros sobre las familias. Esa pregunta y esa particular respuesta queda entre Erich, Olga y yo.

Todos fueron respirando aliviados al escuchar mi narración. Estaba claro que nuestra responsabilidad era grande pero la cosa no pintaba tan mal. Esas muestras de que se iba a mantener cierta apertura gustan y tranquilizan. Pensé por un momento en dejar así el tema pero no me pareció justo ocultar cierta información así que una vez narrado el contenido de la charla comencé con las formas. Les dije que habíamos quedado en la estación y que habíamos venido justo hasta esta mesa para mantener la charla, todo ello decisión de Erich. Todo se pusieron blancos pero callaron. Se han llevado la misma terrible sorpresa que yo.

Les conté mi percepción personal, dejando claro que no era más que una impresión personal, acerca de que todo venía aprendido, que parecía conocer la lista y que incluso noté que se sorprendió al escuchar la última pregunta. Sentí como se miraban unos a otros sin mover las cabezas. ¿Era imposible o había alguien por ahí capaz de hacer de topo? La pregunta rondaba en el ambiente. Yo estoy convencido de que usó algún tipo de dispositivo de escucha. Esta era ya la cuarta reunión en esta mesa. Estoy convencido de que si nos ponemos a buscar debe haber algún micrófono cerca o alguien con algún dispositivo de escucha a distancia.

No les gustó sentirse controlados. Hubo mucho silencio. Lo sospechaba. No hablamos mucho más. Eso ponía en duda todo. Erich podía venir con un discurso estudiado que no era más que una sarta de mentiras para conseguir calmar a esta pandilla de ilusos. Esa es la impresión con la que nos quedamos, la misma con la que acabé yo el jueves pasado. Decidimos que no tenía sentido seguir teniendo estas reuniones, que nuestras dudas estaban de alguna manera resueltas, aunque no tuviéramos más remedio que poner en cuarentena esas respuestas. Pero sobre todo noté que pensaban lo mismo que yo: era inútil mantener ese tipo de reuniones si no iban a ser ni de lejos secretas. A partir de ahora las preguntas en vivo y en directo en las reuniones en El Comité.

No hay más preguntas, señorías. Asistiremos a la reunión del viernes con los deberes hechos y con las duda de si todo será tan bonito como lo dibuja Erich o si no tenemos ni idea. Sea como sea, este grupo ha quedado disuelto esta tarde. El gato ha ganado y los ratones han salido corriendo cada uno por su lado. Tranquilos. Todos tenemos nuestro trabajo encaminado y sentimos que nuestra responsabilidad no será tan grande después de esto. Con ganas, al menos yo, de terminar. No me gustan estos juegos. Me agotan mentalmente.

El viernes 28 es la siguiente reunión, a ver que sorpresas nos depara y cual será nuestra siguiente misión. Mi última reunión antes de las vacaciones, supongo. Por supuesto si hay alguna reunión más tendré que venir y quizás llevarme trabajo a Cuxhaven, pero la semana que viene a esta hora debo haber visto por fin el mar.

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