El cartero

ElCartero

Martes, 6 de Junio de 1961

Creo que en breve tendré noticias de El Comité. No he vuelto a saber nada en las últimas 2 semanas pero mucho me temo que eso no se deba a que el asunto del muro se haya paralizado sino simplemente a que no han necesitado nada de mi. En algún nivel las cosas siguen en marcha y puede ser que incluso se precipiten los acontecimientos.

No me gusta hablar de mi pero he de reconocer que no caigo mal, pese a estar en un puesto en el que podría ganarme bastantes enemigos. La Volkspolizei no es un cuerpo precisamente de élite y a algunos ciudadanos les creamos pequeños trastornos con nuestros controles. Sí, somos permisivos pero de vez en cuando toca recordar que estamos ahí y que no hay que pasarse. De vez en cuando nos tenemos que poner unos días firmes y complicar las cosas a la gente. Revisar paquetes, pedir documentación, romper algún que otro pase (que se volverá a conseguir en un par de días), etc. Y no olvidemos que yo soy quien da esas ordenes.

Tampoco me he ocultado nunca de cara a mis conciudadanos. Saben quien soy, he dado la cara cuando he tenido que hacerlo, soy permisivo o duro cuando toca pero siempre intento ser justo. Y parece que eso se nota, no debo estar haciéndolo tan mal. También es cierto que soy, si no me equivoco, el más joven de todos los directores. Según Heidi “tengo cara de bueno”. Pese a las modas nunca me ha gustado llevar barba ni bigote cosa que Heidi agradece y yo agradezco cuando me besa y acaricia. Llevar barba sin duda endurece el gesto. Dice Heidi que mi mirada es tranquila aunque firme y que soy alguien que sabe escuchar.

Sin ser un tipo alto tampoco soy especialmente bajo y sí que soy corpulento así que tampoco soy un hombre que de la impresión de poder manejarse con facilidad. Y es totalmente cierto o esa es la percepción que tengo de mi, que me gusta tener. Un tipo en el que confiar y que inspire confianza. Me gusta además pasear y hablar con la gente que me rodea. Ese estar en contacto con la realidad es imprescindible para mi. La gente está tensa. La situación política no está nada clara y la ciudad sigue en ruinas. No llegan las ayudas prometidas y la gente se empieza a cansar. Esos pequeños trapicheos que se traen y sentir que al menos alguien de los que manda no les presiona demasiado es importante para calmarles. Somos la primera linea entre el Estado y sus ciudadanos. Es importante saber estar.

Y en esos paseos que de vez en cuando doy con cualquier excusa para pulsar la calle me he encontrado una sorpresa bastante delicada esta mañana. Estaba en una de las cafeterías junto al cuartel fumando una pipa en la terraza mientras ojeaba el periódico con mi café cuando se han sentado a mi lado. Alex, el cartero del barrio con su pesada bolsa ha decidido tomarse un respiro junto a mi, O eso pensaba yo. Tras los habituales saludos de rigor y dejarse invitar a un café, la conversación ha ido directa a lo que Alex buscaba. Sin muchos rodeos me ha espetado la pregunta “Oye, ¿que es eso del muro que se comenta?”.

Aunque por fuera creo haber mantenido toda la calma y no haber mostrado inquietud, por dentro el corazón me ha dado un vuelco. ¿Cómo me preguntaba un sencillo cartero de barrio por el proyecto secreto del que se suponía sólo teníamos conocimiento una docena de personas que pertenecíamos a ese reducido comité? ¿Hasta qué punto están extendidos los rumores? Está claro que el asunto es serio y la filtración ha calado hondo

Por supuesto me hice el tonto. Yo no sabía nada de eso, a la gente le gusta mucho inventar historias, ya tenemos demasiado lío con los controles que tenía que gestionar de vez en cuando como para construir algo parecido a un muro. Y así. Dudo que haya servido de algo. Se habrá ido pensando que efectivamente es cierto pero que no puedo decir nada. Se habrá ido además con la tranquilidad de haber preguntado a la persona correcta. No olvidemos que soy un cargo público. Mi obligación es informar de lo acontecido. Alguien acudiría a invitar a Alex a realizar una vista a alguna de las comisarías de Berlín. Alguna con sótanos donde poder hacer preguntas y que si hay que armar un poco de revuelo no se escuche.

Alex sabe que no lo voy a hacer. No es nadie. Como mucho dirá que lo ha escuchado en la carnicería, el carnicero irá a la comisaría y contaría que lo escuchó a una clienta, que iría a la comisaría y así. No merece la pena. El daño ya está hecho. Ahora sólo me queda esperar que alguien lo comente y recibir esa llamada donde me van a gritar mucho. A mi y a los otros 11 miembros.

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