Bernauer Str.

Bretzel

Martes, 27 de Junio de 1961

He decidido hacer caso a Erich y esta mañana me la he reservado para pasear por Bernauer. Me he llevado una libreta y he puesto en una hoja cada una de las preguntas que soltó Erich el viernes pasado. He estado repasando el recorrido que hice el otro día desde el puente en Bornholmer y en el tren de vuelta de festival. En toda esa parte no encuentro ningún problema en mi trazado. Uso la vía de tren como linea divisoria, dejando las vías de nuestro lado. Los muros de protección del ferrocarril son la frontera imaginaria. Luego paso por un parque y lo divido aproximadamente por la mitad. Ahí no tengo problemas tampoco. Necesitamos zonas verdes. El parque ha sido reconstruido a medias así que mitad y mitad.

Al llegar a Bernauer por primera vez me encuentro con una calle con vida comercios, casas… Recuerdo que incluso hay una iglesia en uno de los laterales, pero me era imposible recordar cual. Como esa calle termina justo donde empieza la mía he decidido empezar el recorrido por la zona más alejada para acabar directamente en Oderberger y quedarme en casa a trabajar con el mapa un rato antes de que llegue Heidi. Hoy, salvo urgencia de última hora, no tenía intención de pisar la oficina una vez dejé listos los trámites de primera hora y despejé mi agenda.

Efectivamente y como recordaba Bernauer tiene cierta vida. No es que sea una calle puramente comercial pero se trata de una avenida amplia, con un par de carriles y una buena mediana. Es sin duda una calle poblada. Los edificios son altos a ambos lados, casas de obreros a uno y otro lado y varios locales comerciales. Una zapatería fue lo primero que encontré. La gente empieza a preferir comprar zapatos nuevos cuando se rompen los suyos, sobre todo en la zona occidental, pero las zapaterías todavía son un gran negocio especialmente en nuestro Berlín o en esa calle que linda con nosotros. Muchos niños destrozando sus suelas jugando en calles adoquinadas al fútbol. Un negocio próspero.

Una pequeña relojería y joyería unos portales más adelante es lo siguiente que me encuentro. No dudé ni un instante en qué lado del muro querría acabar esa persona. Mientras que el zapatero posiblemente preferiría estar en el lado socialista, donde por desgracia el dinero no da para comprar tantos zapatos y si para remendarlos, el joyero no tendría ningún futuro en Berlín oriental. Si no andamos sobrados de dinero como para comprar zapatos lo de las joyas es algo de otro mundo para nosotros.

A veces escribo ese “nosotros” refiriéndome a todas las personas que estamos en el lado socialista y no puedo evitar sentirme un poco culpable. Tengo la suerte de pertenecer a una pequeña élite que no está sufriendo ninguna carencia y nos podemos permitir algunos lujos. Precisamente en esa misma joyería compré en Enero un collar para Heidi, un regalo por su cumpleaños. Si, fue un despilfarro impropio de mi y de mi ideología pero quería hacerle un regalo especial. Porque la adoro y porque ese sentimiento de culpa, ese no entender por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo con Olga, me hizo cometer esa insensatez que incluso a ella sorprendió por inesperada. No somos de regalos caros y se extrañó, aunque por supuesto se mostró agradecida. Apenas se lo he visto puesto. Sólo el día que fuimos a cenar a un restaurante especial por mi cumpleaños y en una cena de gala por la jubilación de uno de mis compañeros en la Volkspolizei. Creo que se siente incómoda llevando algo tan caro. Yo me siento igual de incómodo cuando lo veo porque me recuerda que no estoy siendo honesto con ella.

Pero volviendo a mi toma de datos, me resultó curioso que precisamente los dos primeros comercios que me tocaba analizar estaban en los lados equivocados. Si trazaba la linea en el centro de la calle, como era mi intención inicial, la zapatería correspondería a la zona oeste y la joyería en la este. Mal asunto para ambos comercios.

Aparte de eso no hay más que alguna pequeña tienda de alimentación y una tienda de ropa usada. Nada especial. Si las cuentas no me han fallado hay 5 comercios y trazando la linea en el centro quedarían 3 en nuestro lado y 2 en el otro. Todos están casi al principio de la calle y a excepción de los comercios la calle sólo tiene portales de entrada a los edificios en la acera occidental. A los edificios de nuestra zona se entra siempre por calles laterales o anteriores. Lo cierto es que a excepción de los comercios no tendría mucho sentido quedarnos con media calle. Es una posibilidad, ceder todos los pequeños comercios a la zona occidental y que la linea discurriera por las fachadas de los edificios. Nos ahorraríamos un buen puñado de metros de alambrada y de zona que vigilar, sólo controles en las calles. Lo hablaré con Erich el viernes.

Sólo hay un pequeño pero a todo este tema: La pastelería donde el domingo compré los pasteles con Olga. Fue otro de esos momentos en los que me di cuenta de cuanto me puede afectar todo este tema. Tanto la linea en medio de la calle como la que discurre paralela a los edificios dejan fuera de mi alcance sus maravillosos bretzels. No pasa una semana en que algún día no compremos algunos. Son los mejores de toda la ciudad.

Y por un momento pensé… ¿Y si trazo la linea en la acera Occidental, aprovechando los muros, de manera que los comercios como la pastelería queden en nuestra zona? Me he dado cuenta en ese fugaz pensamiento del poder que tengo ahora mismo en mis manos, en mi lápiz. Basta mover la regla unos milímetros sobre el mapa para cambiar la vida de cientos de personas, puede que miles. Eso me ha llevado a pensar de nuevo que he de ser justo. Debo mantener la linea en el centro y resignarme a perder esos bretzels, si es que realmente la cosa se pone tan difícil como para no poder cruzar una alambrada a por unos pasteles. Siempre es posible trazar una curva como con la gasolinera, ¿no? Aunque pienso en la joyería y en la zapatería. Una de las dos va a tener meses de vida y me doy cuenta que ser justo trazando esa linea va a ser terriblemente complicado. Alguien va a salir siempre perjudicado

Curioso, me he dado cuenta que prefiero nombrarlo “linea” en vez de “muro”. Me impone menos.

Ah, por cierto: efectivamente hay una iglesia y quedará en nuestro lado. Otro “comercio” que seguramente se verá abocado al cierre.

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