Disparos

Jueves,  24 de Agosto de 1961

Tenía que ocurrir antes o después. Ha tardado 11 días desde que el muro se desplegó, desde que las alambradas invadieron las calles y dividieron la ciudad y por desgracia hoy ha pasado. Hoy nuestros hombres han abatido a tiros al primer conciudadano. Los disparos han surcado el muro y ha muerto Günter Litfin. Un sastre, un sencillo sastre que cruzaba a nado a través del río Spree al lado occidental. Ha sido un puto desastre.

Apenas 24 años, miembro controlado por nuestros servicios secretos del partido Cristiano Demócrata, que por supuesto no debía existir, y sastre en un pequeño negocio al otro lado, en la zona oeste cerca del Zoológico. En general, aparte de su discutible ideología política, un tipo normal y corriente. Nuestros buenos servicios de inteligencia le tenían bien localizado desde hace tiempo. De hecho en el informe de su fallecimiento se incluía información sobre sus planes de fuga frustrados. Justo dos días antes de que se desplegaran las barreras había estado junto a su hermano acondicionando un apartamento en Charlottenburg. Planeaba marcharse justo el domingo 13 pero fue otra de las víctimas que quedó atrapada en el lado equivocado justo el mismo día que pensaba cambiar, como Olga.

Günter no ha tenido la calma o paciencia de Olga. Günter además perdió su trabajo en el lado Occidental y era otro de los miles de Berlineses que deambulaban por las calles. Supongo que dada su ideología lo que menos iba a hacer es contribuir en la edificación de un muro que estaba contra todos sus principios pese a que su aspecto joven y saludable le hacía propicio para ser uno de los peones en la obra.

No fue una buena idea por su parte cruzar el canal a nado por ahí, no lo fue en absoluto. Pasar cerca del puente de ferrocarril que era uno de los puntos de control fronterizo donde había apostados soldados y miembros de la policía de transportes y fronteras no fue una buena idea. Uno de nuestros chicos le vio, era fácil verle cruzando a las 4 de la tarde, a plena luz del día.

Le dieron el alto y le ordenaron volver a nuestra zona. Le pidieron que levantara las manos. Un hombre nadando es difícil que levante las manos y los informes son contradictorios. Algunos de los soldados dicen que levantó los brazos en un par de ocasiones pero que volvía a bajarlos para mantenerse a flote. Esos mismos soldados afirman que se dio la vuelta para regresar. Otros afirman que continuo la marcha sin detenerse. Otros que le vieron hundir los brazos en el agua buscando un arma, arma que por supuesto nunca apareció, es lo que tiene el agua, que las cosas se las lleva la corriente.

Sea cual sea la versión correcta alguien se puso nervioso y disparó. Un disparo al que siguieron otros 5 de diferentes hombres. Supongo que en el informe final se dirá que el primer disparo procedía de Günter, aunque el arma no aparezca ni haya, por supuesto, ningún otro hombre herido. Eso es lo de menos. No se trata de las pruebas que haya sino de los informes que se escriban. Se hará una mezcla de todos, se harán desaparecer cosas como que se había girado, se dejará claro que llegó un disparo procedente del agua y todos quedarán contentos.

A la familia de Günter puede que no le guste tanto esa versión pero tampoco tendrán mucha opción de réplica. En los periódicos se contará que se ha abatido a un desertor que pretendía además acabar con la vida de algún aguerrido soldado. Y finalmente lo más importante de cara a la galería es que quedará claro que lo de escapar va a salir muy caro, tanto como la vida. Que no van a andarse con tonterías y que si hay que disparar no va a temblar el pulso. Eso es lo que debe calar entre la población para detener esta sangría de ciudadanos que aún sigue buscando resquicios para huir.

Huir, escapar, fugas… esa terminología ya aparece claramente en los informes. Günter huía, Günter pretendía escapar. Ya se han dejado, al menos a nivel interno, de tonterías como que es un muro de defensa anticapitalista. El Muro no es más que la barrera de una cárcel. Nuestros hombres apostados allí tienen las mismas órdenes que tendría cualquier vigilante  en una prisión si detecta que un delincuente va a escapar: disparar.

La diferencia es que los que pretenden huir de aquí no son delincuentes, no han cometido ningún delito más allá de pensar distinto y querer estar en otro sitio. Y muchos de ellos ni tan siquiera piensan distinto, simplemente las circunstancias les llevan a necesitar estar en el otro lado. Pienso en Marco, Rosa y Lucía. Ellos hubieran querido seguir aquí pero sus circunstancias se lo impiden. Pienso en Olga. Ella querría venir, pero tampoco quieren que eso ocurra porque generaría conflictos internacionales.

Esta cárcel que he ayudado a construir ya está costando vidas a conciudadanos. Ya está provocando incluso tiroteos, no sólo “accidentes” como el de Ida. Ojalá pudiera estar al margen de todo.Ojalá no supiera nada. Ojalá todo fuera como hace 3 meses. Maldito muro que tantas vidas está destrozando, las que va a destrozar y las que va a costar. Ida y Günter me temo que van a ser sólo los primeros de una larga lista.

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