Lucía
Lucia

Miércoles,  12 de Julio de 1961 No he podido olvidar en todo el día la historia que nos contó Uwe ayer. Muchas veces la mejor forma que tengo de liberarme de algo es soltarlo aquí así que vamos a probar con esto también. A mi me buscó mi joyero hace ya más o menos una semana, el amigo Bernard, y me contó su historia. A Uwe le asaltó Marco de manera parecida. Uwe sí es de costumbres fijas, es público. Todas las tardes se para en el bar de la esquina de su cuartel y se toma un par de Vodkas. Siempre dobles. Siempre sin hielo. Siempre igual. No se sabe que beba más pero esos lingotazos diarios si que son de alguna forma su medicina. Es cierto que su zona, industrial, es más conflictiva que otras. La prostitución campa a sus anchas y los robos en naves están a la orden del día. Hay grupos organizados que se dedican al expolio para revender y Uwe carece de medios para luchar contra esa gente que parece disponer de fondos ilimitados. Es normal que después de un duro día de trabajo necesite algún relajante. Otros compañeros recurren a la química. El parece conformarse con esa dosis de vodka. Jamás nadie le ha visto ir bebido a trabajar ni rendir menos, así que lo que cada uno haga en sus momentos privados nos tiene que importar poco. Fue en ese bar donde Marco dio con él. Me sorprende como funcionan las canales de información en Berlín. […]

Compañeros de fatigas
Estacion

Martes,  11 de Julio de 1961 Las cosas van sucediendo rápido. Las dudas nos van surgiendo a todos los miembros del comité cada día. Lo suponía, pero la reunión express de esta mañana me lo ha confirmado. Todos vamos en la misma dirección y todos empezamos a ponernos nerviosos, y eso que aún faltan meses para que empecemos a ver el fruto de nuestro trabajo. Era cerca de la 1 cuando ha llegado el mensajero con la carta de Uwe. No la esperaba en absoluto. Me llama la atención que a nadie se le ocurra algo tan moderno e inmediato como una llamada de teléfono. Está claro que aún estamos paranoicos, o no. Es posible que no se trate de paranoia sino de precaución justificada. Me invitaba a almorzar y pasar con él la tarde para tratar algunos asuntos de relevancia. A las 14:30 en la cafetería de la estación Berlin-Gesundbrunnen. El mensajero esperaba respuesta pese a que el tiempo estaba muy ajustado para que pudiese recibirla Uwe y en ese momento ponerse en marcha hacia la estación. Supuse que él ya asumía que iba a decir que sí pero cumplí el protocolo y en el reverso de su nota escribí un cortés asistiré encantado que firmé. El mensajero salió rápidamente y ahí me quedé dando vueltas a lo que querría Uwe. La estación está cerca de mi oficina así que llegué pronto. Suponía que Uwe, en la zona sur, aún no habría llegado. Me había despejado la tarde y había […]

Huérfano
Huerfano

Domingo,  9 de Julio de 1961 “Ah, entonces eres huérfano.” Esa sencilla frase, esas cuatro palabras salidas de la boca de Heidi cuando le conté que mis padres habían muerto me hizo tomar conciencia de una condición que habiendo sufrido desde hace años nunca había asumido como propia. Soy huérfano. No tengo ni padre ni madre. A mi padre me lo robaron, digan lo que digan, por pensar más o menos como yo pienso ahora en cuestiones políticas. Yo algo o bastante más moderado, el comunista de pura cepa. Imposible en un país como la Alemania nazi que le tocó vivir. No necesitaban muchas excusas para meter a los “rojos comunistas” como mi padre en la cárcel. Tampoco necesitaban muchas más para meterles unos cuantos tiros a poco que se resistieran, como sucedió con mi padre. Era un buen hombre, o así le recuerdo. De las pocas enseñanzas que se me quedaron grabadas fue que siempre debía pensar más allá de mi mismo. Que el individuo nunca debe estar por encima del bien común. Su máxima socialista y lo que aplicaba cuando lo asesinaron: poniendo por encima de si mismo la defensa de las ideas de un grupo de personas, dando cobijo a “delincuentes” en casa. Así le descubrieron y allí mismo le liquidaron. Seguramente fruto de algún vecino envidioso que le delatara. A la gente le gusta mucho meterse en la vida de los demás y si encima pueden quedar bien con el estado y ganar un dinero, mejor que […]

Charlas de terraza
Charlas de Terraza

Viernes,  7 de Julio de 1961 Aunque suene extraño prefiero las terrazas públicas cuando quiero tener una charla medianamente secreta discreta con alguien. Cierto que pasa mucha más gente por la calle, pero es gente de paso. Cuando estás dentro del restaurante todo el mundo permanece más estable, tiene tiempo a engancharse a conversaciones ajenas. A mi mismo me ha sucedido alguna vez sin querer. Te encuentras atrapado e interesado por alguna conversación que suceda en alguna mesa cercana. No podemos evitarlo: todos tenemos esa vena cotilla y portera que hace que nos guste meternos en la vida de los demás. Cuando me doy cuenta intento olvidar lo que he oído y procuro no seguir escuchando pero si estas en el interior y sólo es difícil que no te lleguen conversaciones cercanas. En las terrazas las mesas están más separadas. Las voces se confunden con el sonido de coches, trenes, gente que pasa charlando, niños jugando… es más difícil que llegue con claridad el sonido a mesas circundantes y por supuesto la gente de la calle no se va a detener descaradamente a escuchar una conversación. Con un poco de cuidado manteniendo la voz algo apagada es sencillo que nadie escuche una conversación. Por supuesto están los reservados de algunos restaurantes pero no era la ocasión por lo que teníamos que hablar ni me gustan especialmente esos lugares. El simple hecho de entrar en uno ya indica que vas a hablar cosas privadas. Si además entraba con Olga, por muy cuñados que seamos, no sería […]

El sexo con Olga
Sexo con Olga

Jueves, 6 de Julio de 1961 Necesitaba ver a Olga hoy. Hacía ya muchas semanas que no pasaba por su casa pero hoy la necesitaba. Verla y hablar con ella. Hoy no era sólo la necesidad física de estar con ella piel con piel, boca con boca, sexo con sexo. Hoy era más necesidad de compartir con ella mis pensamientos porque sólo con ella siento que puedo hablar ahora de lo que realmente me preocupa. Esa ha sido mi intención cuando he salido esta tarde del despacho a comer en la calle y he informado que no volvía. Sólo comer con ella y hablar. Del mapa, del comité, del muro, del joyero, de Olga y Heidi, de Olga y de mi. Sólo hablar. Pero sabía que no sería así y acabaríamos en la cama, como así ha sido. Llego siempre sin avisar. A veces pienso que debería llamarla y preguntar si está en casa, si está libre, si va a salir, si ha quedado con alguien, si está con alguien… sin embargo siempre lo hago igual. Voy directo para allá con la confianza de que si alguien me ve llegar no es más que un cuñado visitando a su cuñada. A veces he pensado que algún día podría encontrarme a Heidi. Sería terrible. No sería difícil disimular pero intuyo que Heidi lo notaría. Me conoce. De hecho no sé si algo sospechará. Soy un libro abierto para ella y es de las pocas cosas que no me gusta de nuestra relación. Soy […]

Reflexiones
Checkpoint Charlie, Berlin 1961 Don McCullin born 1935 Purchased 2012 http://www.tate.org.uk/art/work/P80148

Miércoles, 5 de Julio de 1961 No recuerdo cuando fue la última vez que escribí tanto aquí. Anoche le dediqué mucho tiempo a mis reflexiones. Heidi se despertó cuando entré en la cama y se preocupó por si me pasaba algo. Pese a mi insomnio y a que siempre le digo que no pasa nada, anoche cuando entreabrió los ojos y me vio tuvo que notar algo. Se echó sobre mi y me abrazó fuerte. Le devolví el abrazo. Lo necesitaba. No sé como lo supo. Creo que dediqué tanto tiempo a este diario ayer porque necesitaba almacenar todos los detalles posibles. Y yo que pensaba cuando vi a Bernard, el joyero cuyo nombre no sabía y que ahora no creo que olvide jamás, que se iba a tratar de otro caso de soborno al uso. Uno está ya muy curtido en estas lides. Los que ocupamos un puesto de cierta importancia estamos más que acostumbrados a que nos ofrezcan dinero una y otra vez a cambio de favores. Quien dice dinero, obviamente, dice regalos. Joyas, coches, electrodomésticos, alcohol, tabaco… todo es cuestión de mercado. Según el beneficio a obtener, así será el regalo ofrecido. Es más que sencillo. Mis intentos de soborno nunca han llegado a ser más que alguna joya para mi o para Heidi. En general se trata de algo de Bourbon o algún cigarro especial, de los que ni siquiera tienen en la cava que suelo visitar. Y digo intentos porque a día de hoy me puedo […]

El joyero
Joyeria

Martes, 4 de Julio de 1961 No sé si Berlín es un barrio de porteras donde cualquier rumor corre como la pólvora, si es que en el fondo mantenemos el espíritu de pueblo pequeño pese a ser una ciudad enorme o si es que hay asuntos que tienen que difundirse si o si porque en realidad afecta a todo el mundo y todos se preocupan. Pensaba que soy yo quien está un poco paranoico con todo lo de El Comité pero la gente no sólo sabe que el proyecto del muro existe, también sabe de la existencia del Comité y de mi pertenencia a él porque el joyero ha tenido esta tarde muy poco pudor en intentar sobornarme. Creo que me quedo con lo de que Berlín es muy pequeño. Hace nada que pasé frente a esa joyería en Bernauer donde compré el collar cargado de culpa a Heidi y me quedé pensando sobre su futuro tras la construcción del muro. Donde quedaría, etc. No hace nada. Y precisamente hoy me encuentro con el joyero que regenta el establecimiento. Bernard. Hoy he aprendido su nombre y no creo que se me olvide. Y digo mal con lo de que me lo he encontrado, él me ha buscado y me ha encontrado. No sé exactamente cómo pero lo ha hecho. Allí estaba yo tomando esta tarde una cerveza en el bar que hay frente a casa cuando ha aparecido por la puerta. Me he recordado porque hace nada que le vi mientras paseaba por Bernauer […]

Vacaciones
Vacaciones

Sábado, 1 de Julio de 1961 Hoy hemos pasado el día planeando nuestras vacaciones. 1 de agosto, falta justo un mes y a los dos nos gusta la planificación y el orden. Eso de dejar las cosas para última hora no nos va. No hay demasiado que plantear pero no queremos sorpresas. De este año no pasa que, por fin, vea el mar. Toda la vida la he pasado en esta ciudad o como mucho a unos pocos kilómetros, pero siempre he viajado por trabajo. Tampoco se trata de una queja, no he viajado porque no he tenido mucho interés en ello. Esa falta de interés por conocer mundo es de las cosas que Heidi me ha reprochado alguna vez. No es que hayamos tenido demasiadas vacaciones nunca aunque algunas semanas libres sí y podíamos habernos escapado a cualquier parte, pero siempre he preferido descansar en casa. Ella no lo entiende. Es curioso cuantas cosas no entendemos el uno del otro pero como nos respetamos y queremos. Será que en el fondo esa forma de ser diferentes y sin querer cambiar al otro es lo que nos une. Heidi, como sospeché en el momento en que leí su curriculum, tiene la suerte de provenir de una familia económicamente solvente, como poco. Hicieron dinero con suministros médicos durante las guerras. Era un negocio prospero, rentable y con poco riesgo. Los suministros médicos básicos no sufrían ataques, sólo algún que otro robo cuyos costes estaban más que contemplados en los márgenes de beneficio. Estaban protegidos […]